Las palabras, como las plumas al viento, no siempre pueden recogerse. El noveno mandamiento nos llama a tomar en serio cada palabra que pronunciamos.
Categoría: Devocionales
Murió entre ladrones para salvar a los ladrones
Jesús fue crucificado entre ladrones para salvar a los ladrones. El evangelio no baja el estándar; nos ofrece a un Salvador que cumplió el estándar en nuestro lugar y murió por nosotros siendo aún pecadores.
El Robo más Grave: Robarle a Dios
El robo más grave es robarle a Dios. Pero el octavo mandamiento también tiene un lado positivo: somos llamados a ser mayordomos fieles de todo lo que Dios nos ha confiado.
Más formas de robar de las que imaginamos
El octavo mandamiento abarca mucho más que el robo visible. El fraude, la retención de salarios, la usura y el chisme son formas reales de robar que Dios no pasa por alto.
Robar no empieza en las manos
El robo no comienza en las manos sino en el corazón. La codicia, el descontento y la desconfianza en Dios son sus raíces más profundas, y solo el evangelio puede sanarlas.
No Robarás: Un Espejo para el Corazón
El octavo mandamiento es un espejo que expone el corazón. Antes de respirar aliviados, debemos preguntarnos si hemos comprendido verdaderamente lo que significa robar.
Gracia para un nuevo comienzo
La gracia de Cristo es mayor que cualquier pecado sexual, ofreciendo perdón completo y transformación real.
Guardando el Corazón
La pureza requiere decisiones concretas: guardar los ojos, cuidar las relaciones y cultivar activamente lo bueno en comunidad.
La gracia mayor que el pecado
Cristo murió por personas atrapadas en pecados sexuales. Su gracia es suficiente para lavar, santificar y restaurar completamente.
Adulterio en el Corazón
Jesús enseña que la lujuria es adulterio en el corazón, y demanda pureza interior, no solo externa.

