Texto bíblico: «Porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados.» — Hebreos 10:4
Reflexión: Cuando Adán y Eva pecaron, no corrieron hacia Dios; corrieron a esconderse. Esa sigue siendo nuestra tendencia natural: cuando fallamos, nos alejamos de Dios en lugar de acercarnos. Pero el problema de nuestro pecado no lo resuelve nuestra distancia, sino la sangre de Cristo. Ningún esfuerzo propio ni sacrificio nuestro puede quitar la deuda del pecado. Solo la sangre de Jesús, de valor infinito, puede hacerlo. Por eso, cuando pecas, tu primera reacción debe ser correr hacia Él, no huir.
Aplicación práctica:
- La próxima vez que falles, en lugar de alejarte de Dios, confiesa de inmediato y acércate a Él en oración.
- Identifica un hábito de huida espiritual en tu vida (dejar de leer la Biblia, dejar de orar) y reemplázalo conscientemente con un acto de acercamiento a Dios.
Pregunta de reflexión: ¿Cuándo fue la última vez que te escondiste de Dios después de pecar? ¿Qué te impidió acercarte a Él?
Oración sugerida: Padre, perdóname por las veces que huí de ti cuando más te necesitaba. Hoy decido correr hacia ti, confiando en la sangre de Cristo que pagó todo. Amén.

