Moisés fue solo una sombra. Cristo es el Mediador verdadero que vive para interceder por ti hoy y para siempre.
El intercesor que permanece en la brecha

Moisés intercedió por Israel sin que se lo pidieran ni lo merecieran. ¿Estás dispuesto a hacer lo mismo por alguien hoy?
Nada escapa a los ojos de Dios

Dios nombró el pecado de Israel sin ninguna ambigüedad. Nada escapa a sus ojos, ni siquiera lo que llamamos 'debilidad'.
Adoración con el nombre correcto, corazón en otro lugar

Israel adoró al becerro usando el nombre del Señor. ¿Puede estar tu corazón en otro lugar mientras tus labios lo adoran?
¿Cuál es tu becerro de oro? — Éxodo 32:1-14

Idea Central Cuando el pueblo de Dios deja de confiar en Su presencia invisible y busca en algo creado la seguridad, la satisfacción o el control que solamente Él puede dar, provoca la justa ira de Dios contra el pecado, pero Dios mismo levanta un mediador que intercede por Su pueblo culpable y aparta el juicio que merecían, mostrando así el patrón de la obra de Cristo a favor de los Suyos. Introducción Cuando piensas en la palabra «idolatría», probablemente piensas de inmediato en una persona adorando una imagen en un cuadro, una estatua o un altar pagano de una...
¿Cuál es tu becerro de oro?

Israel fabricó un becerro de oro pocas semanas después de ver los milagros más grandes de su historia. Éxodo 32 nos muestra que la idolatría no comienza con estatuas, sino con la impaciencia ante el silencio de Dios. Descubre qué revela este pasaje sobre tu propio corazón y el Mediador que ya intercede por ti.
Cuando la espera se convierte en idolatría

Israel fabricó un ídolo porque no soportó la espera. ¿Qué fabricas tú cuando Dios guarda silencio?
Celebra y recuerda: eres un pueblo liberado

Así como Israel celebraba para no olvidar su liberación, nosotros debemos recordar continuamente el sacrificio de Cristo y vivir como el pueblo liberado que somos.
Adoración y obediencia: la respuesta correcta

Israel respondió con adoración y obediencia. Esa misma respuesta doble e inseparable es la que Dios espera de nosotros cuando su Palabra nos habla.
Cristo, nuestra Pascua

Cada cordero pascual en Israel apuntaba a Cristo. Él es nuestra Pascua definitiva, cuyo sacrificio nos libra de la destrucción eterna.
