Texto bíblico
«Miren, el jornal de los obreros que han segado sus campos y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes. El clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.» — Santiago 5:4
Reflexión devocional
Cuando pensamos en un ladrón, la mente nos lleva a imágenes concretas: el asaltante, el carterista, el que rompe una cerradura. Pero el octavo mandamiento abarca mucho más. Calvino lo dijo con precisión: «No solo son ladrones los que sustraen en secreto los bienes ajenos, sino también los que buscan ganancia con la pérdida de otros».
El robo ocurre en el trabajo —el empleado que no trabaja las horas por las que le pagan, pero también el empleador que retiene salarios justos—. Ocurre en los negocios, mediante el fraude y la publicidad engañosa. Ocurre en la usura, que Dios no llama simplemente un mal negocio sino una abominación (Ezequiel 18:12–13). Y ocurre incluso con las palabras: el chisme que destruye la reputación de alguien le quita algo que ningún ladrón puede devolver.
El Catecismo de Heidelberg lo resume: no solo el robo encubierto, sino «las artimañas malvadas, los pesos falsos, la mercancía fraudulenta, la usura; en general, no debemos defraudar a nuestro prójimo de ninguna forma». El robo no es el problema de unos pocos delincuentes en las sombras; es una epidemia moral que atraviesa todos los estratos de la sociedad.
Aplicación práctica
- Examina tu vida laboral esta semana: ¿estás dando honestamente el tiempo y el esfuerzo por los que te pagan? ¿Hay alguna práctica en tu trabajo o negocio que no resistiría el escrutinio de este mandamiento?
- Cuida tus palabras hoy. Antes de compartir información sobre alguien, pregúntate si lo que vas a decir le quitará algo que le pertenece: su honra y su reputación.
Oración sugerida
Señor, abre mis ojos a todas las formas en que puedo estar tomando lo que no me pertenece, incluso aquellas que la sociedad ha normalizado. Dame una conciencia sensible a tu ley y un corazón que trate a cada persona con la dignidad que merece como imagen tuya. En el nombre de Jesús, amén.

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