¿Por qué seguimos luchando contra los mismos pecados si ya somos salvos? Romanos 6 responde con una verdad que lo cambia todo: fuimos unidos a Cristo en Su muerte y resurrección. La santidad cristiana no comienza con lo que hacemos, sino con lo que Dios ya hizo con nosotros.
Author: Saladín (Eduardo Saladín)
La Gracia no es Permiso para Pecar
La gracia que nos perdona también quebranta el dominio del pecado. No es permiso para seguir en él, sino poder para abandonarlo.
Fe y esperanza ancladas en Dios
Nuestra fe y esperanza descansan en el Dios que planeó nuestra redención antes de la creación y la consumó resucitando a Jesucristo de entre los muertos.
Redimidos por un precio infinito
Fuimos comprados con la sangre preciosa de Cristo, no con cosas perecederas. Ese precio infinito es el fundamento de toda nuestra obediencia.
Vivir delante de los ojos del Padre
El temor reverente no es miedo al rechazo, sino la actitud del hijo que ama a su Padre y vive consciente de Su mirada en todo momento.
Hijos que se parecen a su Padre
El llamado a la santidad no es para ganar el amor de Dios, sino la respuesta de quienes ya han sido recibidos en Su familia.
Redimidos para vivir en santidad
Redimidos para vivir en santidad Serie: Santos porque Él es santo. IBSG. 24.7.24 Introducción La semana pasada comenzamos una serie en la que estamos contemplando una verdad que nuestra generación necesita recuperar con urgencia: la santidad de Dios y lo que significa vivir a la semejanza de Cristo. En el primer mensaje, titulado «Santos porque...
Redimidos Para Vivir en Santidad
¿Vives intentando ganar la aceptación de Dios, o usas la gracia como excusa para vivir sin vigilancia? Pedro responde ambos errores recordándonos que fuimos redimidos por la sangre preciosa de Cristo para vivir con esperanza, santidad y temor reverente.
Una mente lista para obedecer
Pedro nos llama a preparar nuestra mente para obedecer y poner toda nuestra esperanza en la gracia que Cristo traerá cuando regrese.
Aquí estoy: La respuesta de quien ha sido perdonado
El servicio cristiano no nace de la culpa ni del esfuerzo propio, sino de la gratitud por la gracia que ya hemos recibido.



