¿Por qué seguimos luchando contra el pecado si Cristo ya nos libertó? Romanos 8:12-13 responde esta pregunta con claridad y esperanza: el tirano fue destronado, pero debe ser hecho morir continuamente, no en nuestras propias fuerzas, sino por el Espíritu que habita en nosotros.
Ya no le debes nada al tirano

Cristo ya destronó el dominio del pecado sobre ti. Ya no le debes obediencia. Aprende a vivir conforme a esa libertad.
Preséntate a Dios: toda tu vida a Su servicio

Presentarnos a Dios significa colocar cada parte de nuestra vida a Su disposición. No obedecemos para ser aceptados; obedecemos porque ya lo somos.
Considérate: muerto al pecado, vivo para Dios

Considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios no es imaginación; es reconocer cada día la identidad real que ya recibimos en Cristo.
Ya no eres esclavo: el viejo amo fue derrocado

El dominio del pecado fue quebrantado en la cruz. No peleamos para obtener libertad; peleamos desde la libertad que Cristo ya conquistó.
Unidos a Cristo: muertos y resucitados con Él

Nuestra unión con Cristo significa que Su muerte y resurrección son nuestras. Ya no somos los mismos; andamos en novedad de vida.
Libres del Dominio del Pecado para Servir a la Justicia

¿Por qué seguimos luchando contra los mismos pecados si ya somos salvos? Romanos 6 responde con una verdad que lo cambia todo: fuimos unidos a Cristo en Su muerte y resurrección. La santidad cristiana no comienza con lo que hacemos, sino con lo que Dios ya hizo con nosotros.
La Gracia no es Permiso para Pecar

La gracia que nos perdona también quebranta el dominio del pecado. No es permiso para seguir en él, sino poder para abandonarlo.
Fe y esperanza ancladas en Dios

Nuestra fe y esperanza descansan en el Dios que planeó nuestra redención antes de la creación y la consumó resucitando a Jesucristo de entre los muertos.
Redimidos por un precio infinito

Fuimos comprados con la sangre preciosa de Cristo, no con cosas perecederas. Ese precio infinito es el fundamento de toda nuestra obediencia.

