Texto bíblico: «Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón.» – Mateo 5:28
Reflexión:
Jesús llevó el séptimo mandamiento más allá de las acciones externas hasta el corazón. La lujuria es alimentar deseos sexuales pecaminosos, convirtiendo a otra persona en objeto para nuestra propia satisfacción. No es simplemente reconocer que alguien es atractivo; es mirar de manera que despierta y alimenta el deseo sexual.
La historia de David y Betsabé ilustra perfectamente cómo opera este pecado. David estaba donde no debía estar, vio lo que no debía ver, y cuando su mirada se convirtió en codicia, la codicia en fantasía y la fantasía en acción, las consecuencias fueron devastadoras. Un solo pecado sexual lo llevó a quebrantar múltiples mandamientos.
La lujuria prospera alimentándose de pornografía, fantasías sexuales, contenido erótico y conversaciones obscenas. Jesús usó lenguaje radical al hablar de este pecado porque sabe que puede apoderarse del alma y convertirse en un camino hacia la destrucción eterna.
Aplicación práctica:
• Haz un «pacto con tus ojos» como Job, decidiendo de antemano qué no mirarás
• Examina tu consumo de entretenimiento: ¿qué está alimentando tu mente?
Preguntas de reflexión:
• ¿Hay contenido que consumo que alimenta la lujuria en mi corazón?
• ¿Tomo en serio las palabras de Jesús sobre el adulterio del corazón?
Oración sugerida:
Jesús, Tú conoces los pensamientos y deseos de mi corazón. Perdóname por las veces que he cometido adulterio en mi corazón a través de la lujuria. Transforma mis deseos y ayúdame a mantener la pureza no solo en mis acciones sino también en mis pensamientos. Amén.


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