Texto bíblico: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos.» — Isaías 6:5
Reflexión: Isaías había pronunciado seis veces la palabra «ay» contra los pecados de Judá. Pero al contemplar al Dios tres veces santo, pronuncia un séptimo «ay» contra sí mismo. La santidad de Dios actúa como luz intensa que revela lo que permanecía oculto. No produjo el pecado, simplemente permitió verlo con claridad. Cuanto más contemplamos la santidad de Dios, más claramente reconocemos nuestra propia necesidad. Es imposible ver a Dios como realmente es y seguir sintiéndonos satisfechos con nosotros mismos.
Aplicación práctica:
1. Pide al Señor en oración que ilumine algún área de tu vida donde puedas tener puntos ciegos espirituales.
2. Practica examinar tu corazón comparándote con el carácter de Dios, no con el comportamiento de otras personas.
Pregunta de reflexión: ¿Hay algún pecado que ves claramente en otros, pero que aún no has reconocido honestamente en tu propia vida?
Oración sugerida: Señor, examina mi corazón y muéstrame mi pecado. No permitas que me compare con otros y me sienta satisfecho. Llévame siempre a contemplar Tu santidad. Amén.
