Texto bíblico: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado.» — Isaías 6:7
Reflexión: Isaías confesó ser hombre de labios inmundos, y Dios respondió tocando exactamente sus labios. No le pidió que se limpiara primero ni que comenzara un proceso para ganarse el perdón. Toda la iniciativa perteneció al Señor: Él envió al serafín y proporcionó la limpieza. El carbón procedía del altar, el lugar del sacrificio. El Dios santo no dice «tu pecado no importa», sino «tu pecado debe ser expiado, y Yo he provisto el medio». Ese medio perfecto es Jesucristo.
Aplicación práctica:
1. Si estás cargando culpa por pecados ya confesados, recibe hoy la declaración de Dios: en Cristo tu iniquidad ha sido quitada (1 Juan 1:9).
2. Distingue en tu vida entre el arrepentimiento genuino, que confía en el perdón de Dios, y el simple remordimiento, que permanece atrapado en la culpa sin acudir a Cristo.
Pregunta de reflexión: ¿Estás recibiendo la gracia del perdón con gratitud, o sigues castigándote por lo que la cruz ya resolvió?
Oración sugerida: Padre, gracias porque Tu gracia toca exactamente donde más lo necesito. Ayúdame a recibir el perdón de Cristo con fe y a no cargar lo que Él ya cargó por mí. Amén.
