Texto bíblico
«Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.» — Romanos 6:6-7 (NBLA)
Reflexión
El «viejo hombre» —la persona que éramos bajo el dominio del pecado— fue crucificado con Cristo. Esto no significa que el pecado haya desaparecido, sino que su autoridad sobre nosotros fue quebrantada. El pecado todavía levanta la voz, pero ya no ocupa el trono. Es como un régimen derrocado cuyos seguidores siguen atacando, pero que ya perdió el poder legítimo. No peleamos para obtener la libertad; peleamos desde la libertad que Cristo conquistó.
Aplicación práctica
- Cuando el pecado te ordene mentir, reaccionar con ira o ceder a un deseo desordenado, recuerda que estás escuchando la voz de un gobernante derrotado.
- Si vuelves a tropezar con el mismo pecado, no concluyas que nunca podrás cambiar. La vida del Cristo resucitado ya está obrando en ti.
Pregunta de reflexión
¿En qué área de tu vida sigues actuando como si el pecado todavía tuviera autoridad legítima sobre ti?
Oración sugerida
Señor Jesús, gracias porque mi viejo amo fue derrotado en la cruz. Ayúdame hoy a vivir como alguien libre, y no como quien sigue obedeciendo a un rey destronado. Amén.
