¿Alguna vez has sentido que la tarea de llevar el evangelio al mundo es demasiado grande para ti? Tienes razón. Lo es. Y eso no es un problema, es el punto de partida.
Jesús nunca diseñó la Gran Comisión para que la cumpliéramos con nuestras propias fuerzas, estrategias o talentos. Desde el principio, fue una iniciativa divina que requiere asistencia divina. Y Él fue muy claro sobre cómo se hace: oración desde abajo y poder desde arriba.
‘Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra.’ (Hechos 1:8)
Primero, Ora. Después, Ve.
Antes de enviar a sus primeros discípulos en misión, Jesús les dio una instrucción que muchos hoy pasamos por alto. En Lucas 10:2 dijo: ‘La cosecha es mucha, pero los obreros son pocos. Rueguen por tanto al Señor de la cosecha que envíe obreros a su cosecha.’
Fíjate bien. Jesús no dijo: ‘Planifiquen una estrategia.’ Dijo: ‘Rueguen.’ No es una oración casual. Es una oración intensa, ferviente, continua. ¿Por qué? Porque la salvación de las personas es obra del Espíritu Santo, la misión escapa a nuestras capacidades, y como es una iniciativa divina, requiere asistencia divina.
La fórmula es sencilla: nosotros oramos, Él envía. Nosotros oramos, Él obra. Tratar de llevar la Gran Comisión sin orar es poner la carreta delante del caballo.
El Mandato de Esperar
Después de su resurrección, Jesús pasó cuarenta días con sus discípulos. Al final de ese tiempo, antes de ascender al cielo, les dio una orden que suena extraña para oídos modernos: quédense quietos.
‘No salgan de Jerusalén’, les dijo. ‘Esperen la promesa del Padre.’ No les dijo cuánto tiempo. No les explicó todos los detalles. Solo: esperen.
Esa espera tenía un propósito. No era tiempo perdido. Era el tiempo necesario para que aprendieran algo fundamental: esto no depende de ustedes. La obediencia fue la primera lección. Y ellos obedecieron. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban en Jerusalén, tal como Jesús lo había ordenado.
La Espera Activa: Lo Que Hicieron Mientras Esperaban
Hechos 1:14 nos dice cómo usaron ese tiempo: ‘Todos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración.’ No oraron una vez al día para resolver problemas personales. Se entregaron a la oración de manera continua, unida y ferviente.
La oración no solo los preparó para recibir el poder. También los enseñó a confiar. Lo que Dios promete, Dios cumple. Si Él dijo que el poder vendría, tenían que creerle. Y creyeron.
El Poder Que Viene de Arriba
Lo que Jesús les prometió no era una fuerza impersonal. Era una persona: el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. Y ese poder no era opcional ni un complemento espiritual. Era absolutamente indispensable.
Considera esto: el mismo Jesús no inició su ministerio sin ser primero ungido por el Espíritu. Fue bautizado en el Jordán, el Espíritu descendió sobre Él, y solo entonces comenzó a predicar. Vivió en el poder del Espíritu, expulsó demonios por el poder del Espíritu, fue sostenido en la cruz por el Espíritu y fue resucitado por el poder del Espíritu. Si la segunda persona de la Trinidad no hizo nada sin depender del Espíritu, ¿con qué derecho actuamos nosotros como si pudiéramos hacerlo solos?
Lo que leemos en el libro de los Hechos es el fruto directo de esa dependencia. Pedro, un pescador sin educación formal, predica un sermón y tres mil personas se convierten en un solo día. No porque tuviera las palabras perfectas. Sino porque el Espíritu de Dios obraba poderosamente a través de él.
La Gran Comisión Involucra a la Trinidad Entera
Lee con atención Mateo 28:19-20. Jesús dice: hagan discípulos, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado. Cada parte de esa tarea lleva la marca del Espíritu:
- Para que alguien sea discípulo, tiene que nacer de nuevo. Eso es obra del Espíritu.
- El bautismo es en el nombre de la Trinidad completa.
- La enseñanza es un don del Espíritu, y la obediencia es posible porque, como dice Filipenses 2:13, es Dios quien pone en ti el querer y el hacer.
La Gran Comisión no es una estrategia humana. Es el resultado de una obediencia empoderada por el Espíritu de Dios.
Oración y Poder: La Fórmula que Nunca Falla
Hechos 4:31 nos da una imagen poderosa: ‘Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.’
Nota la secuencia: oraron, fueron llenos, hablaron con valentía. No al revés. La valentía no produjo la oración. La oración produjo la llenura, y la llenura produjo la valentía.
Muchos creyentes dicen ser tímidos para hablar del evangelio. Pero la pregunta no es si eres tímido. La pregunta es si estás orando. Porque cuando hay llenura del Espíritu, hay denuedo.
Esto También Es Para Tu Vida Diaria
Este principio no solo aplica a los misioneros o pastores. Aplica a cada área de tu vida. ¿Quieres cambios en tu matrimonio? Oración desde abajo, poder desde arriba. ¿Quieres ver a tus hijos crecer en la fe? Oración desde abajo, poder desde arriba. ¿Quieres que tus padres o amigos conozcan a Cristo? Oración desde abajo, poder desde arriba.
Nosotros no somos los protagonistas de esta historia. Somos instrumentos. Como dijo Jesús: cuando lo hayan hecho todo, digan que son siervos inútiles. Nuestro rol es obedecer, orar y depender. El resultado es de Dios.
El Patrón que No Cambia
La iglesia primitiva no tenía Biblias impresas, ni seminarios, ni programas de discipulado, ni estrategias de comunicación. Pero tenía dos cosas poderosas: una vida de oración extraordinaria y la presencia manifiesta del Espíritu de Dios. Y el resultado fue una iglesia que creció de manera imparable, desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.
Ese mismo patrón sigue vigente hoy. No porque sea una metodología, sino porque Dios no ha cambiado. Él sigue respondiendo a las oraciones de su pueblo. Él sigue enviando obreros a su mies. Él sigue empoderando a hombres y mujeres ordinarios para hacer cosas extraordinarias.
La Gran Comisión no es la gran omisión cuando hay oración desde abajo y poder desde arriba. Empieza hoy. Arrodíllate. Pide. Y luego observa lo que Dios hace.

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