Texto bíblico: «Pero si por el Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, vivirán.» — Romanos 8:13b
Reflexión: Hacer morir el pecado no significa simplemente controlar conductas externas mientras los deseos que las producen permanecen intactos. El pecado puede cambiar de forma sin haber sido realmente mortificado. Hacerlo morir significa identificarlo, rechazarlo y negarle deliberadamente aquello que necesita para crecer. Pero esta lucha no la libramos solos ni con nuestras propias fuerzas: actuamos, sí, pero porque el Espíritu que habita en nosotros obra en nosotros. Tu responsabilidad y Su poder no compiten, se complementan.
Aplicación práctica:
- Identifica un pecado concreto y pregúntate: ¿qué lo alimenta? Toma hoy una decisión práctica para quitarle ese alimento.
- Combate las mentiras que ese pecado te dice con una verdad concreta de la Escritura. No luches contra mentiras concretas con verdades vagas.
Pregunta de reflexión: ¿Hay algún pecado con el que has aprendido a negociar, alguna puerta que sabes que debes cerrar pero sigues dejando entreabierta?
Oración sugerida: Espíritu Santo, obra en mí lo que yo no puedo hacer solo. Dame voluntad para rechazar el pecado y poder para hacerlo morir. Que no negocie con lo que Tú me mandas vencer. Amén.

