Texto bíblico: «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres…» — Romanos 1:18a
Reflexión: A nadie le agrada escuchar hablar de la ira de Dios. Sin embargo, ignorarla no es un acto de amor, sino de negligencia. La ira de Dios no es un arrebato emocional; es Su santa y justa oposición a todo lo que contradice Su carácter perfecto. Un Dios que no se indigna ante la maldad no sería un Dios bueno. Esta verdad, lejos de alejarnos de Él, nos muestra cuán urgente es nuestra necesidad del Salvador.
Aplicación práctica:
- Examina si en tu corazón has reducido a Dios a un ser indulgente que pasa por alto el pecado. Pídele que te dé una visión correcta de Su santidad.
- Esta semana, agradece a Dios que Su ira no cayó sobre ti, sino sobre Cristo en la cruz, y vive con esa gratitud como motivación para alejarte del pecado.
Pregunta de reflexión: ¿Cómo cambia tu actitud hacia el pecado cuando comprendes que Dios se opone a él con toda Su santidad?
Oración sugerida: Señor, perdona mi tendencia a minimizar Tu santidad. Ayúdame a verte como eres: un Dios perfectamente justo y perfectamente amoroso. Gracias porque en Cristo hallé refugio de la ira que merecía. Amén.

