Texto bíblico: «No temas, porque Yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; Mío eres tú.» — Isaías 43:1
Reflexión: Nadie tiene que enseñarnos a sentir temor. Basta con ser humanos para que el temor encuentre mil brechas en nuestro corazón. Pero Dios no nos ofrece una técnica para manejarlo; nos recuerda una realidad que lo cambia todo. Cuando dice «Yo te he redimido», nos lleva al problema más grande que jamás tuvimos: ¿cómo puede un Dios santo perdonar a un pecador culpable? Dios lo resolvió entregando a su propio Hijo. Si resolvió aquello, nada de lo que enfrentas hoy es demasiado difícil para Él.
Aplicación práctica:
- Identifica el temor que más te agobia esta semana y llévalo en oración al Señor, recordando que Él ya resolvió tu mayor problema.
- Lee Romanos 8:31–32 y medita en cómo la entrega del Hijo de Dios es la garantía de su cuidado sobre cada área de tu vida.
Pregunta de reflexión: ¿Qué te dice sobre el poder de Dios el hecho de que Él resolvió tu condenación eterna? ¿Cómo debería eso cambiar la manera en que ves tu situación actual?
Oración sugerida: Señor, gracias porque resolviste mi problema más grande en la cruz. Ayúdame a confiar en que el mismo poder que me redimió también gobierna sobre todo lo que hoy me hace temer. Amén.

