Texto bíblico: «Nadie, que después de poner la mano en el arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.» — Lucas 9:62
Reflexión: El tercer hombre quería seguir a Jesús, pero pedía tiempo para despedirse. El problema no era la despedida en sí, sino un corazón dividido. Jesús usó la imagen del arador que mira atrás: quien ara volviendo la vista no puede trazar un surco recto. Así ocurre con el discipulado. No podemos servir a Cristo con la mitad del corazón. Los ídolos que no soltamos nos inhabilitan. El Señor no pide perfección, pero sí una entrega genuina y sin reservas.
Aplicación práctica:
- Pregúntate honestamente si hay algún ídolo, hábito o afecto que compite con Cristo por el primer lugar en tu corazón. Confiésalo y pide ayuda.
- Evita exponerte deliberadamente a tentaciones de las que ya decidiste apartarte. No te pongas en posición de «mirar atrás».
Pregunta de reflexión: ¿Hay algo del pasado o del mundo al que todavía miras con nostalgia, que te impide avanzar en tu seguimiento a Cristo?
Oración sugerida: Señor Jesús, guarda mi corazón de la división. Que no haya en mí ningún ídolo que compita con tu señorío. Quiero seguirte con todo mi ser. Amén.

