Texto bíblico: «No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.» — Éxodo 20:17
Reflexión: Nadie nos enseñó a codiciar, pero el germen está en nuestros corazones desde que somos concebidos. Lo que cambia con los años no es el deseo, sino el nombre del juguete: el carro del vecino, el trabajo del compañero, el matrimonio de los amigos. El décimo mandamiento es el único del Decálogo que apunta exclusivamente al interior. No hay evidencia externa que observar. Por eso es el más confrontador: no te deja sentir que eres una persona decente. Te muestra lo que realmente hay adentro.
Aplicación práctica:
- Hoy, cuando notes que algo del prójimo despierta envidia o amargura en ti, detenlo y nómbralo honestamente: «Esto es codicia.»
- Pídele al Señor que te dé sensibilidad para reconocer la codicia en su etapa más temprana, antes de que tus manos o tu boca la ejecuten.
Pregunta de reflexión: ¿Qué «juguete» tiene hoy el poder de robarte el contentamiento?
Oración sugerida: Señor, ilumina mi corazón con tu Palabra para que pueda ver la codicia donde se esconde. No me dejes conformarme con una obediencia externa mientras el interior está lleno de deseos desordenados. Amén.
